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  • Graduado en Psicología por la Universidad de Valencia

  • Master en Psicología General Sanitaria

  • Master en intervención multidisciplinar

  • Miembro del Equipo Interdisciplinar de la Clínicas Obésitas

El lugar de la Obesidad en los Trastornos de la Conducta Alimentaria


  • Graduado en Psicología por la Universidad de Valencia

  • Master en Psicología General Sanitaria

  • Master en intervención multidisciplinar

  • Miembro del Equipo Interdisciplinar de la Clínicas Obésitas

El 30 de noviembre se celebró el Día Internacional Contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). Y aunque la atención mediática suele centrarse y visibilizar concretamente los que son más conocidos, como es el caso de la Anorexia Nerviosa y la Bulimia Nerviosa, lo cierto es que no son ni los más comunes ni tampoco los más representativos de este amplio espectro.

trastornos de la conducta alimentaria

Lo cierto es que son pocos los casos clínicos que podríamos categorizarlos como  trastornos de la conducta alimentaria con un diagnóstico puro, es decir, la mayoría de personas que padecen un TCA, pueden cumplir varios de los criterios específicos para una entidad psiquiátrica como la Anorexia Nervios, la Bulimia Nerviosa, pero no lograrían categorizarse en ninguna de ellas en particular, porque no describiría de forma efectiva la sintomatología del trastorno, por eso el diagnóstico más frecuente en los trastornos de la conducta alimentaria es el Trastorno de la conducta alimentaria no especificado (TCANE) porque existe una sintomatología alimentaria que claramente interfiere en el desarrollo vital y el  bienestar de la persona, pero no se podría enmarcar en ninguna categoría concreta.

Las investigaciones recientes apelan a que la gravedad de los TCANE puede ser igual de dañina que los ya citados.

En lo que a nosotros nos concierne, la obesidad es una enfermedad médica, y no se encuentra categorizada como un  trastorno psicológico per se, Pero lo cierto es que esta afección no es ajena la psicopatología alimentaria.

Factores que conducen a la obesidad

Entre los muchos factores que conducen a la obesidad se encuentra a veces asociado a:

  • Patrones de ingesta ligados a factores emocionales.
  • La necesidad de restringir la ingesta y el uso de medidas no saludables para controlar y reducir el peso corporal.
  • La preocupación excesiva por la comida, peso o figura corporal.

Los tipos de sobreingesta que presentan las personas con exceso de peso son diversos y variados: sobreingesta constante durante el día o “picoteo”, atracón, comer nocturno ingerir más cantidad de alimento que en una comida normal (“comilonas”).

Los trastornos de la conducta alimentaria más frecuentes en la obesidad

Se reconocen dos TCA presentes en obesidad: Concretamente el Trastorno por atracón (TA), aunque no se limita a pacientes obesos, si es altamente prevalente en este grupo, llegando a encontrarse hasta un 30% de los individuos que buscan tratamiento para bajar de peso. El otro sería el Síndrome del comedor nocturno (SCN) que llegaría a afectar hasta un 15% de los pacientes con obesidad. Ambos trastornos pueden superponerse, pero se refieren a conductas distintas.

Otro tema candente que ya analizamos es el de la fuerte correlación entre obesidad y depresión La obesidad estaría asociada con un mayor riesgo de sufrir depresión y, a su vez, esta se relacionaría con una mayor probabilidad de desarrollar obesidad. En este sentido se han encontrado datos que apuntan a que la obesidad aumenta el riesgo de sufrir depresión a más de un 50%, y la depresión incrementa el riesgo de ser obeso por encima también del 50% según los estudios recogidos en diferentes metanálisis, por tanto se podría decir que ambas enfermedades se retroalimentan.

 

 Conclusión

Cuando se ha tratado de indagar en la causa de estas asociaciones, como suele pasar, se encuentran distintos indicadores tanto a nivel genético, ambiental o psicológico entre otros. Lo que es una prueba más de que la génesis de la obesidad tiene un origen multicausal.

Por ello, para tener obtener los mejores resultados posibles y que los tratamientos sean realmente efectivos, no podemos obviar una parte psicológica como una pieza más de este importante rompecabezas. Siendo conscientes de que los datos disponibles, a la base de un verdadero cambio, estaría una renovada conceptualización del problema y la adherencia a un nuevo estilo de vida que recoja también cambios en los aspectos psicológicos.

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