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Yolanda Melero
Licenciada en Psicología
Psicóloga de la Obesidad

Afrontar la vuelta de vacaciones con una actitud positiva

Yolanda Melero
Licenciada en Psicología
Psicóloga de la Obesidad

Habitualmente, en los meses de verano disfrutamos de una actitud positiva y de nuestra vida “de otra forma” y se produce un cambio en nuestras rutinas y hábitos: hora de comidas y de sueño, cambio en la actividad física, niños sin colegio, viajes, vida social, salidas… Esto no debería afectar a la pérdida de peso que se consigue tras una operación de Tubo Gástrico.

Por ello, después de disfrutado de ese periodo, es muy importante mantener una actitud positiva con la que afrontamos esta vuelta a la cotidianidad. En primera instancia, hemos de dejar de sentirnos culpables por ello. En su lugar podemos analizar qué ha pasado, en qué nos hemos descontrolado en exceso, para que en futuras ocasiones no nos vuelva a ocurrir, pero sin fustigarnos ni criticarnos por ello. Nos tenemos que imaginar que somos observadores imparciales de lo ocurrido, mirarlo desde la distancia e intentar analizarlo para AYUDARNOS a nosotros, no para hundirnos, simplemente para producir un cambio de nuestra actitud, hacia una actitud positiva. Es decir, hemos de hacer cómo los buenos amigos: decirnos las cosas claras, pero desde el amor y con sensibilidad. Es muy importante cómo nos hablamos a nosotros mismos.

actitud positiva

Actitud positiva enfocada al futuro

Una vez hecho este primer paso, es básico que dejemos de pensar en estas semanas o meses pasados y nos centremos en el presente y futuro. En que hábitos hemos de retomar, cómo lo haremos… Personalmente recomiendo hacerlo de manera gradual y ajustarlo a nuestras limitaciones (físicas, de horario, de motivación…), porque a veces, si nos exigimos un gran cambio rápido, podemos agobiarnos, desistir y sentirnos más fracasados. Por ejemplo, si después de dos meses sin hacer ejercicio volvemos a llevarlo a cabo todos los días y con la intensidad de antes, acabaremos tan cansados y doloridos que posiblemente no aguantemos el ritmo. En este caso podría ser más efectivo hacer 3 veces por semana y a un ritmo más suave, para poco a poco ir aumentando la frecuencia y la intensidad (siempre es mejor si tenemos un monitor que nos pueda asesorar).

Por último, resulta muy útil si realizamos todo este proceso de cambio con una actitud positiva, con ilusión, con ganas, como una oportunidad de oro para mejorar nuestra calidad de vida, nuestra forma física, incluso nuestras relaciones interpersonales. De hecho, muchos de nosotros, después de vacaciones, notamos el deseo de retomar nuestra vida y hábitos cotidianos, estamos cansados de comer mal, del sedentarismo, del descontrol de horarios, etc. El encuentro con las actividades que realizábamos y con las personas con las que lo hacíamos puede ser esperado y alegrarnos. De no ser así, también podemos aprovechar este momento para cambiar nuestras rutinas, buscar actividades que nos sienten bien, que nos gusten y nos beneficien en todos los sentidos.

Es una manera de superarnos a nosotros mismos, de ir cada vez más enriqueciendo nuestra vida, llenándola de retos y actividades que nos recompensen y nos hagan bien, según nuestras necesidades, ritmo de vida, preferencias… Se trata pues de hacerlo como un reto que nos ponemos nosotros mismos con afán de superación, no como una obligación aburrida ni aún menos como un castigo.

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