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Posibles contraindicaciones psiquiátricas de la cirugía bariátrica

Psicólogo General Sanitario

Qué condiciones psiquiátricas o psicológicas pueden frenar el éxito en una operación de reducción de estómago, y que incluso sean un motivo para desaconsejar la cirugía.

Como muchos de vosotros ya sabéis, el protocolo médico que se lleva a cabo en la cirugía bariátrica es extenso, y no solo implica una exhaustiva evaluación médica, sino que también requiere otro tipo de evaluaciones que puedan situar a la persona interesada como un buen candidato a la intervención. Es el caso de la evaluación del perfil psicológico, que es de fundamental importancia para asegurar que la evolución del paciente no se vea alterada por problemas psicológicos de distintos tipos. En esta ocasión vamos a hablar sobre cuáles son los criterios que tenemos en cuenta y por qué revisten de tanta importancia.

Lo primero, recordar que es requisito médico que los pacientes candidatos a cirugía tengan un IMC en torno a 35 Kg/m² estando presentes enfermedades asociadas a la obesidad o un IMC igual o superior a 40 Kg/m² aunque estas enfermedades asociadas a la obesidad no estén presentes.

Dentro de esos márgenes, nos planteamos cuales son los criterios psicológicos que desaconsejarían la intervención y obligarían a replantar el tratamiento elegido para el paciente que busca esa pérdida de peso estable en el tiempo.

contraindicaciones psiquiátricas

 

Contraindicaciones absolutas

El primer criterio es que el paciente sea capaz de entender en que consiste la cirugía y los cambios asociados esperables a esta, así como implicaciones tanto previas como posteriores al proceso, por tanto descartar que exista una discapacidad intelectual en un grado que impida o dificulte el entendimiento de la cirugía junto con los cuidados y pautas posteriores. En el caso de retraso mental moderado y leve, será necesario valorar el soporte familiar y apoyo de cuidadores que puedan responder a las exigencias del tratamiento postquirúrgico.

Hay que valorar la existencia de trastornos mentales graves que pudieran contraindicar la cirugía, como por ejemplo el caso de los trastornos psicóticos (p.ej. esquizofrenia), o el trastorno bipolar sin tratamiento, la depresión severa e intentos de suicidio recientes. Otro aspecto a tener en cuenta es que haya ausencia de abuso de alcohol o drogas.

En el caso de los Trastornos alimentarios, un criterio de exclusión sería la presencia de un diagnóstico con un cuadro activo de vómitos y/o atracones frecuentes. Para poder valorar la cirugía, necesitaríamos la remisión de las conductas purgativas y las sobreingestas compulsivas en base a unos criterios clínicos, que nos aseguren una buena evolución en el tiempo, por ello estos casos conllevan un tratamiento psicológico y nutricional previo que ayude al paciente a gestionar su problema en relación a la comida.

 

Contraindicaciones psiquiátricas relativas

Otro tipo de situaciones nos hace ser cautos respecto a la cirugía es que el paciente esté inmerso en una situación vital donde exista una situación estresante identificable que conlleve la aparición de síntomas emocionales o de comportamiento clínicamente significativos, es lo que se conoce como un Trastorno Adaptativo (p.ej  dificultades económicas y emocionales, divorcio, separación, problemas conyugales, acoso laboral, etc.) Lo mismo sucede con otros Trastornos Afectivos y los Trastornos de Personalidad; hay que evaluar cada caso de forma individualizada, pues el tratamiento post quirúrgico requiere del compromiso por parte del paciente de estar pendiente de su proceso bariátrico, de sus sensaciones al volver a comer, de poder adaptarse a las pautas de los profesionales y priorizar de forma consciente su alimentación cada día.  Cuando existe un desajuste psicológico de gravedad, es necesario que los síntomas remitan y que haya una recuperación del paciente que permita llevar el proceso de manera estable.

El escaso apoyo por parte de su entorno familiar y social siempre es algo que también debemos valorar, pues es importante que el paciente se encuentre seguro y acompañado durante el proceso, tanto de la mano del equipo médico como de su entorno más próximo.

Y por último, que exista una baja motivación del paciente por operarse; sucede en algunas ocasiones que el paciente se plantea el tratamiento por presiones externas, pero no está realmente convencido, en estos casos hasta que el paciente tenga en cierta medida la iniciativa, o que el grado de convencimiento sea mayor, es preferible, o bien descartar en ese momento la intervención quirúrgica y buscar otra alternativa, o trabajar la motivación y resolver las posibles dudas o reticencias que el paciente pueda tener respecto al proceso. También puede ser que esa motivación sea por las razones equivocadas, en ocasiones recibimos casos donde la motivación puede ser alta, pero no por sus ganas de un cambio hacia un estilo de vida más saludable, sino como una salida ante una situación límite, como puede ser el intento de agradar más a la pareja ante una posible crisis, o la de buscar una solución milagrosa al problema de peso, sin tener en cuenta el esfuerzo de adaptación que requiere la cirugía.

En definitiva estas son las principales condiciones psiquiátricas y psicológicas que pueden contraindicar la intervención de reducción de estomago.

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