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Yolanda Melero
Licenciada en Psicología
Psicóloga de la Obesidad

¿Hambre real o deseo de comer?

Yolanda Melero
Licenciada en Psicología
Psicóloga de la Obesidad

Uno de los problemas más importantes que experimentan las personas obesas, es la dificultad para contactar con su cuerpo. Sobre todo, con la sensación de hambre y con la de saciedad y llenado. Muchos están más pendientes de su impulso, de su deseo por comer, de su ansia por tragar o ganas de evadirse comiendo. Es una sensación que suele disminuirse tras una operación de Tubo Gástrico.

De esta manera, la ingesta se convierte más en un proceso mental, fantasioso, en una manera de “calmar” el deseo de disfrute o bien de aquello que se está experimentando que no resulta agradable. Así pues, por ejemplo, si nos encontramos aburridos, empieza a “fantasear” con la comida, no es que realmente se tenga hambre, si no que nuestra mente “nos está demandando” alguna actividad que nos saque de dicho estado, que nos entretenga, nos haga salir de ese aburrimiento. Cuando esto ocurre muchas veces, con el paso del tiempo se llega condicionar el estar aburrido, cansado, nervioso, triste… con el deseo de comer; hasta tal punto que realmente creemos tener hambre.

Hemos de tener en cuenta, que las “imágenes mentales” son tan poderosas como la realidad. Es decir, si fantaseamos que tenemos hambre, lo experimentaremos, aunque nuestro cuerpo no tenga hambre realmente. Por ello, se hace imprescindible diferenciar la sensación real a la provocada por nuestra mente.

¿Qué hago si estoy nervioso-a, aburrido-a y creo tener hambre?

Lo primero que has de tener en cuento es el tiempo que hace desde la última ingesta y lo que ingeriste. Es decir, si hace una hora desde la última vez que comiste, posiblemente no sea hambre, a no ser que la cantidad ingerida fuese muy pequeña.

Una vez aclarado el punto anterior, es importante adquirir la actitud de atención a al cuerpo. Nos proponemos atendernos, escucharnos, observar que nos ocurre, como está nuestro cuerpo, en lugar de intentar evadirnos de él. Por ejemplo, si estoy nervioso, en vez de querer salir de este estado y buscar urgentemente otras actividades, comienzo a atenderlo, me centro en dicho nerviosismo. Busco el lugar del cuerpo dónde se sitúo, lo observo internamente y me conecto con las imágenes que me van llegando y le voy dando forma (que color, forma, tamaño… tienen).

Hambre

Pautas para incrementar la atención en nuestro cuerpo:

  • RESPIRACIÓN PROFUNDA. Hincha el abdomen como si fuera un globo, luego ves dirigiendo el aire a los laterales, subiéndolo hacia el diafragma y acabando hinchando también el pecho. Primero inspira hasta el máximo de tu capacidad, aguanta unos segundos y luego expira lentamente hasta que no quede nada de aire y de nuevo, aguanta unos segundos. Repite dicho proceso durante unos minutos.
  • Gira la barbilla hacia abajo, mirando hacia el pecho
  • Pregúntate internamente ¿Cómo estoy? ¿Qué me ocurre? (simplemente pregunta, no fuerces ninguna respuesta rápida, no pasa nada si no te viene ninguna).

 

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