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¿Cómo distinguir entre hambre real y hambre emocional?

El hambre emocional se relaciona con el comer compulsivo, con una forma de comer que va más allá de las necesidades reales que tiene nuestro organismo. Y pese a que pueden tener cierta similitud para la persona que lo padece, lo cierto es que existen diferencias importantes.

Puede que esta sea una de las cuestiones más importantes durante el tratamiento psicológico de la obesidad, y es que en general cuando se distingue entre estos dos tipos de hambre las personas les suele sorprender no haber escuchado antes esta distinción.

Origen de los tipos de hambre

El hambre real hace referencia a patrones de conducta que se rigen por la homeostasis fisiológica, es decir, se guían por un proceso de regulación interna a través del cual el cuerpo nos manda señales de hambre y saciedad para obtener los nutrientes que le son necesarios, de esta forma nos alimentamos y obtenemos la energía suficiente para realizar nuestras funciones vitales.

El hambre emocional se relaciona con el comer compulsivo, es decir, con una forma de comer que va más allá de las necesidades reales que tiene nuestro organismo. Y pese a que  inicialmente pueden tener cierta similitud para la persona que lo padece, lo cierto es que existen diferencias importantes.

Como comentábamos el hambre fisiológica surge de una necesidad natural donde el cuerpo cada cierto tiempo necesita alimentarse, desde siempre se ha recomendado hacer 5 comidas al día en espacios de entre 2 o 3 horas, pero lo cierto es que no podemos generalizar en cuanto a establecer un número de comidas óptimo. Es un tema muy personal y que cada uno debe valorar en función de su estilo de vida. Lo que sí que es positivo es tener horarios de comida regulares dentro de nuestras posibilidades que se adapten a lo que necesitamos. Además, tenemos que ser capaces de estructurar esos espacios sin que exista una sensación de urgencia o voracidad.

hambre emocional

Diferencias entre los tipos de hambre:

  1. La forma en la que las detectamos en nosotros.

Así pues, el hambre real o fisiológica surge en base a necesidades de nuestro organismo, va surgiendo poco a poco, y su intensidad se va incrementando progresivamente. Siendo consciente de esto, puedo decidir qué elección de alimento hacer cuando todavía la sensación de hambre es moderada o posponer la toma, sabiendo que cuanto mayor es el hambre, nuestra toma de decisiones se vuelve más impulsiva, y busca alimentos mucho más calóricos que aporten energía rápida al cuerpo. Aun así, queda a nuestra decisión.

En cambio el hambre emocional surge la mayoría de veces de forma repentina (siempre que no se planifiquen grandes comilonas) y la intensidad de este tipo de hambre es MUY ALTA y parece muy urgente, como una necesidad difícil de rehusar.

  1. La flexibilidad a la hora de pedir alimentos.

Otra cuestión distintiva es que el hambre real o fisiológica admite varias opciones a la hora de alimentarnos, es decir, admite criterios racionales, puedo elegir entre distintos alimentos disponibles pensando en que es lo más conveniente para mí.  En cambio el hambre emocional tiene un rango muy estrecho de alimentos para elegir, valora solo una sola opción que parece inamovible, y poco meditada. Si notamos que la sensación de hambre no nos permite elegir entre varias opciones, tendremos que desconfiar.

  1. Las sensaciones que detectamos en nuestro cuerpo.

Las sensaciones a nivel corporal también suelen ser diferentes, el hambre real o fisiológica se localiza más en la boca del estómago, en cambio, el hambre emocional se siente un poco más arriba, casi a la altura del cuello, no siempre es fácil de distinguir.

  1. Los desencadenantes que inician el hambre.

Destacar también que el hambre real o fisiológica, como se puede intuir, tiene su origen en el proceso natural de regulación del organismo y sigue un patrón cíclico. Sin embargo, el hambre emocional está asociada a nuestro estado de ánimo y ocurre cuando aparecen cambios o alteraciones emocionales, esto puede ocurrir de forma consciente, o a veces sin que nos demos cuenta de las razones que nos han llevado a ello.

  1. Sensación de saciedad al finalizar la ingesta.

En el hambre real o fisiológica, la sensación de saciedad aparece tras ingerir una cantidad de alimento proporcional a las necesidades que cada persona tiene en función de varios marcadores biológicos y ambientales. Por ejemplo, con mayor probabilidad, una persona no comerá la misma cantidad de comida un día que venga de hacer ejercicio, que otro día que haya estado la mayor parte del tiempo inactiva. Siendo conscientes de esto, la persona dejará de comer cuando se sienta llena. En cambio, en el hambre emocional la sensación de saciedad aparece con mucha más latencia, y se sigue comiendo más allá de lo necesario o de una forma descontrolada, incluso cuando la persona ya está llena.

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