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¿Qué hay detrás de la compulsión por comer?

Yolanda Melero
Licenciada en Psicología
Psicóloga de la Obesidad

No se centre únicamente en la comida, si no que mírese dentro de sí para ver que le está pasando y busque de los profesionales y espacios terapéuticos que puedan ayudarle

La compulsión por comer es una de las principales causas que influyen en la obesidad y el sobrepeso. Los pacientes suelen referir un impulso “irrefrenable”, un deseo muy grande por comer y comer. A veces pueden ser un picoteo de productos concretos (dulces, bollería, fiambre…) o bien por comer mucha cantidad. En cualquier caso, la persona no come para saciar su hambre, si no guiada por esta compulsión por comer.

A continuación, expondremos algunos de los factores que hay detrás de la compulsión por comer:

Dificultad en el contacto y manejo emocional

La compulsión por comer “calma” las emociones y/o presión interna. Es decir, si por ejemplo la persona tiene problemas para contactar con la rabia (o el miedo, o la tristeza…) puede pasar que en vez de experimentar esta emoción que no le gusta, tenga un impulso sustitutorio de pensar en comida y querer comer. Aunque parezca mentira, puede ser más “fácil” pensar en comida que afrontar esa emoción que tengo ahí dentro, que no me permito sentir y de la que no quiero saber ni enterarme.

Falta de motivación en la vida

En consulta, hemos observado numerosos pacientes con compulsión por comer, cuya única fuente de motivación en la vida es comer. Son personas que no tienen nada más en la vida que les mueva, que les entusiasme. Se encuentran aburridas y hastiadas. El placer de la comida, el que lleguen esos momentos de “disfrute”, les hace encontrar algún sentido a su existencia. De hecho suelen decir la frase esta de “vivo para comer”. Por lo tanto, no comen por hambre si no que rellenan su vida con esa compulsión por comer, que les da una cierta sensación de placer, su pensamiento y su disfrute por lo menos están ocupados con qué van a comer.

compulsión por comer

Situaciones traumáticas no resueltas

Algunos pacientes con compulsión alimentaria nos han trasmitido que comenzaron a engordar a raíz de una situación traumática: enfermedad, muerte de alguien querido, ruptura de pareja, decepción importante, acoso, cierre de empresa… Ahondando en los casos, observamos que la persona se vio desbordada por una situación que le impactó enormemente y le produjo una sensación de gran descontrol y sufrimiento. El problema está que muchas veces, con el paso del tiempo, a pesar que la situación pasa, uno no acaba de cerrar, de soltar lo que pasó e internamente sigue con ese sufrimiento que no le deja avanzar. Es por ello que necesita la compulsión alimentaria, para poder calmar este sufrimiento.

Dietas y prohibiciones

Las personas que han realizado muchas dietas estrictas experimentan generalmente mayor compulsión por comer. Esto es así porque nuestra mente se siente atraída por eso que nos prohibimos. Es decir, basta con que nos digamos a algo que no para desearlo con más fuerza. Esto puede parecer un detalle sin importancia, pero es una de las causas por las cuales fracasan la mayoría de las dietas. Ya que en vez de focalizarse en lo que sí, en el autocuidado y el disfrute cuidándose, las dietas se focalizan en prohibiciones y restricciones severas.

Poca tolerancia a los límites y a la frustración

Hay un perfil de pacientes con compulsión por comer, que no soportan los límites. En sus vidas, nada suele ser comedido ni en mesura, si no que todo es “a lo grande” y cuanto más mejor. Tampoco aceptan fácilmente que les digan que No o “hasta aquí”. Hay una voracidad en ellos que se traslada también a la comida. No quieren saber del límite a la hora de comer. No aceptan la renuncia a determinados alimentos o grandes cantidades. La cirugía bariátrica, como la plicatura gástrica laparoscópica, actúa pues como un freno, como un límite que la persona por sí mismo no es capaz de poner.

Ingesta de comidas adictivas que llevan a la compulsión por comer

Un punto que a veces nos olvidamos, es que la compulsión por comer muchas veces tiene que ver con la ingesta de alimentos procesados. Estos suelen ser altamente adictivos al ser ricos en sustancias como azúcar, glutamato monosódico, edulcurantes, grasas trans, harinas refinadas, sal… Por lo tanto, cuantos más alimentos de este tipo coma el paciente, más “engachado” estará y mayor impulso experimentará por volver a comerlos. Es un círculo vicioso, como dice la frase hecha “Es la pescadilla que se muerde la cola”.

 

Como conclusión, si tiene compulsión por comer, no se centre únicamente en la comida, si no que mírese dentro de sí para ver que le está pasando y busque de los profesionales y espacios terapéuticos que puedan ayudarle. Desde nuestra experiencia, el recurrir una y otra vez a dietas estrictas, aunque pueda funcionar inicialmente, a la larga no hace más que complicar la situación y cronificarla en el tiempo.

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