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La obesidad infantil


Podemos decir que, en general, una persona no se vuelve obesa de la noche a la mañana. Si bien es cierto que existen enfermedades hereditarias que causan sobrepeso, la mayoría de los adultos obesos también fueron niños o adolescentes obesos. De hecho, a causa de los cambios hormonales que se producen en la infancia y sobre todo en la adolescencia, las células grasas se multiplican. En otros periodos de la vida, estas células solo aumentan su volumen pero no su número. De ahí la importancia de combatir la obesidad infantil.

Causas de la obesidad infantil

Teniendo en cuenta que buena parte de la grasa corporal es adquirida por malos hábitos alimenticios, podemos deducir la gran importancia que tienen los hábitos familiares en la obesidad.

El sobrepeso en niños y adolescentes se debe generalmente a la falta de actividad física y a los malos hábitos alimentarios. Una vida sedentaria, centrada en la televisión y el abuso de los videojuegos, no ayuda. Por otro lado, también tenemos el abuso de la comida basura y/o rica en grasas y calorías. De hecho, la dieta de los niños y adolescentes se caracteriza por un exceso de consumo de lácteos (yogures, quesitos y postres), abuso de la carne (cada día), consumo elevado de patatas fritas de bolsa y similares, zumos, pasta, pan, bollería industrial, galletas, dulces, refrescos azucarados y alimentos grasos en forma de quesos grasos, patés, mantequilla o similares. Finalmente, hay un bajo consumo de legumbres, frutas y hortalizas.

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¿En qué puede afectar el sobrepeso de mi hijo?

Ante todo, debemos tener en cuenta que la obesidad es una enfermedad crónica asociada a diferentes patologías, tales como diabetes, depresión, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, etc. Por tanto, puede dificultar la calidad de vida de su hijo, así como su vida adulta.

Por otro lado, no debemos olvidar el sufrimiento psicológico de los niños que sufren exceso de peso: Baja autoestima y discriminación social son síntomas que suelen acompañar a este problema y, en algunos casos más graves, pueden desencadenar anorexia nerviosa o bulimia.

Asimismo, hay que tener en cuenta que la educación nutricional con el fin de cambiar los hábitos alimentarios de un niño es mucho más fácil que de un adulto. Nuestros hijos están condicionados por nuestros gustos. Nosotros somos los que hacemos la compra, los que elegimos los alimentos y los platos que cocinaremos. Nuestros hijos aprenderán a comer como nosotros, ya que ejercemos de modelos.

Si un/a padre/madre se niega a comer, por ejemplo, una menestra de verduras, es muy probable que su hijo/a también lo haga, y que se sienta de alguna forma respaldado por éste. “¿Y por qué papá/mamá no se lo come?”- preguntan muchos hijos de familias españolas. Si nos comportamos como adultos caprichosos, educaremos a hijos caprichosos.

En resumen, debemos concienciarnos como padres en recibir educaciones nutricional adecuada y educar a su vez a nuestros hijos en buenos hábitos alimentarios. Una alimentación sana y variada, basada en una dieta equilibrada, baja en grasas y rica en fibra; una actividad física que compense el gran aporte calórico a esas edades y les permita estar en forma, tanto físicamente como psicológicamente.

 

María Palacios
Psicóloga Clínico

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