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Obesidad y riesgo cardíaco: prevenirla a través del ejercicio

Salvador Ferrando Herranz
Graduado en Nutrición Humana y Dietética
Dietista-Nutricionista

Especialmente si viene relacionada con la obesidad, la práctica de ejercicio debidamente controlado y conducido por un profesional lleva directamente a una mejora del cuadro general de quien lo practica.

La obesidad, como ya sabemos casi todos, produce un gran número de enfermedades directamente asociadas, incluyendo varias formas de enfermedades cardíacas. Por ello a continuación hablamos de la obesidad y riesgo cardíaco, cómo prevenirla a través del ejercicio.

Una gran parte de los casos de obesidad así como en parte, el grado de la misma, tienen un origen hereditario, influído por factores ambientales, patrones sociales, nuestro propio modo de vida, etc. Entre todos ellos, influyen mucho aspectos como el estrés, las dietas de alto contenido graso y/o azucarado y la reducción del gasto calórico por falta de ejercicio físico.

Practicar ejercicio reduce obesidad y riesgo cardíaco:

Incluso si ya se padece algún tipo de enfermedad cardíaca, especialmente si viene relacionada con la obesidad, la práctica de ejercicio debidamente controlado y supervisada por un profesional, lleva directamente a una mejora del cuadro general de quien lo practica.

En anteriores artículos comentábamos el efecto que tiene sobre factores de riesgo cardíaco, como son la mejora del control de la presión arterial,  del perfil lipídico, la disminución del bloqueo insulínico, y con ello un aumento de la tolerancia a la glucosa, empotrando posibles prediabetes y frenando el desarrollo de la obesidad.

Una disminución de peso corporal y de masa grasa produce una disminución de los niveles circulantes de glucosa sanguínea, reduciendo así el riesgo de sufrir diabetes, que es causa directa de enfermedades cardíacas. Recuerden que la diabetes causa importantes daños en todos los pequeños y medianos vasos del organismo, y que es silente: cuando la diagnosticamos, suele llevar mucho tiempo de evolución.

El estrés, por otro lado, se relaciona directamente con la hipercolesterolemia, la hipertensión arterial y finalmente la obesidad por causa de un desorden alimenticio como respuesta del cuerpo para combatir la ansiedad.

La práctica habitual de ejercicio, según la APA (Asociación Americana de Psicología) “aumenta la concentración de norepinefrina en las regiones del cerebro que están involucradas con la respuesta del cuerpo al estrés” aumentando nuestra resistencia al estrés, y con ello a los problemas asociados tanto cardíacos como de obesidad.

Otros efectos relacionados con el ejercicio y el estrés son la reducción de la frustración por causa de una mayor capacidad de concentración en nuestro trabajo o actividades cotidianas, así como la consecución de un sueño más profundo, de mayor calidad, que terminará de nuevo por mejorar nuestras cualidades cognitivas, aumentando nuestra satisfacción, y con ello la reducción del riesgo cardíaco.

Sin embargo, especialmente si se sufre algún grado de obesidad o alteración de salud, es muy importante llevar a cabo un estudio previo por parte de un especialista y por todo ello, entendemos el deporte como parte de un tratamiento médico de la obesidad.

 

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Antes de hacer ejercicio consulte a un especialista:

Antes de aventurarnos a convertirnos en triatletas, especialmente si se padece algún grado de obesidad o problemas cardíacos, debemos ponernos en manos de un especialista. El especialista solicitará unas pruebas u otras según nuestra edad y condiciones de salud, como las pruebas de función respiratoria, cardíaca o una prueba de esfuerzo.

En función de nuestro estado físico y la respuesta de nuestro organismo al esfuerzo, se nos realizará un programa de ejercicios personalizado.  El programa de ejercicio personalizado suele consistir en una progresividad del entrenamiento mediante un aumento paulatino de la intensidad del ejercicio, todo manteniendo controlado el ritmo cardíaco con un pulsómetro, y midiendo el esfuerzo con un podómetro.

El especialista podrá incluir pautas como los tiempos de ejercicio y la naturaleza del mismo, así como cuántos días a la semana deberemos practicarlo. Estos parámetros pueden ir variando a lo largo de las semanas, en un programa donde se puede incluir la frecuencia cardíaca más adecuada, así como el tipo de ejercicio, que podría iniciarse caminando, pasando por cinta o bicicleta estática y, finalmente, llegando a ejercicios aeróbicos más comunes como natación, pilates, etc.

Practicar ejercicio es una garantía de salud, bienestar físico y mental, y por lo tanto de reducción de riesgos cardíacos por causa de obesidad y estrés. Póngase en manos de un especialista y le indicará la forma más segura de iniciar el cambio.

Pueden plantearnos sus dudas y comentarios en consultas@obesitas.es“.             
Si usted padece obesidad, explíquenos su caso en nuestra “Historia Clinica de Obesidad”, y le realizaremos una recomendación.

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