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Una intervención como motor del cambio

Yolanda Melero
Licenciada en Psicología

Muchas personas que no conocen en profundidad la cirugía bariátrica, tienden a pensar que únicamente gracias a esta intervención, la persona consigue bajar de peso. Es decir, conciben la cirugía bariátrica como la “vía fácil”, en la que no hay que hacer “nada”, el cambio se da solo y uno ya va perdiendo peso.

La mayoría de profesionales que trabajamos en este ámbito, y pacientes que han tenido éxito en este proceso de cambio, sabemos que la idea anterior es profundamente errónea. Tal y cómo se expresa en el título, esta cirugía representa una oportunidad única para que el paciente adopte unos hábitos saludables, que le permita ,una vez perdido todo el peso, un cambio irreversible en su estilo de vida y no volver a aumentar de peso.

Además si el paciente no realiza los cambios pertinentes en su vida, los resultados obtenidos pueden ser peores, y su mantenimiento largo plazo mas dificultoso.

La intervención representa pues, una oportunidad para empezar de nuevo, para aprender a relacionarse con la comida de manera diferente. Digamos que “nos vuelve a dejar la cuenta a cero”, y nos deja en una posición óptima para adoptar todos los hábitos necesarios, ya que:

  • Dejamos de tener una hambre imperiosa, compulsión por la comida.
  • Nos centra en nuestro estómago, en nuestro cuerpo.
  • Al estar más ligeros, tenemos más energía y más ganas de movernos y tener una vida activa.
  • Favorece la ingesta lenta (para evitar problemas estomacales)
  • Nos sentimos más animados al ver que nuestra obesidad va remitiendo
  • Etc…

Pero todo esto pierde mucha fuerza si nosotros no nos concienciamos que necesitamos cambiar nuestros hábitos alimentarios y de ejercicio físico para SIEMPRE. No basta con perder peso, en líneas generales hemos de:

  • aprender a comer variado y sano,
  • hacer ejercicio, comer frecuentemente,
  • mejorar nuestra relación con nosotros y nuestro cuerpo,
  • NO HACER DIETA (dejar de contar calorías, de prohibirnos infinidad de alimentos…).
  • darnos cuenta de cómo hemos llegado a ser obesos, que aspectos de nuestra actitud vital y de nuestro ritmo de vida han contribuido a nuestra obesidad.

En definitiva, hemos de implicarnos activamente en el proceso. No somos meramente objetos pasivos de lo que nos está ocurriendo, del proceso de adelgazamiento. Sino que somos sujetos activos, nuestras acciones, nuestra actitud… son básicas en el proceso; es más, son la clave de que los resultados sean óptimos y perduren en el tiempo.

Yolanda Melero
Licenciada en Psicología
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