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Salvador Ferrando Herranz
Graduado en Nutrición Humana y Dietética
Dietista-Nutricionista

Obesidad, riesgo cardíaco y alimentación

Salvador Ferrando Herranz
Graduado en Nutrición Humana y Dietética
Dietista-Nutricionista

Dos de las principales patologías en la actualidad son la obesidad, riesgo cardíaco y alimentación. Las enfermedades cardiovasculares  son la principal causa de muerte a nivel mundial. Afectan por igual a ambos sexos, países de cualquier  nivel económico y además existe un aumento constante de su prevalencia (Fuente: OMS).

Factores que provocan la obesidad y riesgo cardíaco

Los principales factores del crecimiento desmesurado de este tipo de patologías son diversos, existiendo un factor claramente genético, pero  influyendo también el factor ambiental, en el cual se incluye el hábito tabáquico, la contaminación, la vida sedentaria y como no, una alimentación inadecuada.

Pero una cosa está clara, y es que la mayoría de nosotros parece no querer evitarlo, porque como ya decía el poeta alemán Heinrich Heine «A mi estómago poco le importa la inmortalidad». Y claro está que no alcanzaremos la inmortalidad mediante una alimentación saludable, pero sí que nos permitirá conseguir una mayor longevidad y llevar una vida más sana y feliz.

Este y otros factores psicológicos, unidos a los rápidos cambios que está sufriendo nuestra sociedad actual, están haciendo que la alimentación se vaya deteriorando de forma muy marcada. Desde la utilización de comidas precocinadas, pasando por las visitas a los establecimientos de comida rápida y las comidas fuera del hogar, hasta los cambios en los métodos culinarios y el abandono de la cocina tradicional.

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¿Cómo afectan a nuestra salud?

Todo esto, influye negativamente en nuestra salud debido a que en muchas ocasiones, podemos encontrar de forma «oculta´´ en los alimentos gran cantidad de grasas saturadas, azúcares simples, sal en cantidades excesivas e incluso  las temidas grasas `Trans´.

Generalmente, la mayor cantidad de estos nutrientes dañinos aparecen en alimentos como la bollería industrial, los aperitivos salados,  y en algunos postres y salsas industriales. Sin embargo, también se encuentran en alimentos naturales y sobretodo aquellos de origen animal.

En este sentido podemos destacar como potencialmente dañinas, las grasas saturadas. Estas grasas llevan unidas a ellas moléculas de colesterol, cuyo aumento a nivel sanguíneo está estrechamente relacionado con la patología cardíaca. Las grasas saturadas podemos encontrarlas en los productos comerciales anteriormente nombrados, pero también están presentes en aquellos alimentos lácteos y derivados en su forma entera (Leche entera; Quesos curados; Yogures enteros; Nata; Mantequilla…), así como en las carnes grasas como la ternera. Por otro lado, existen las denominadas grasas `Trans´, las cuales tienen un comportamiento biológico muy similar a las grasas saturadas y que están presentes en productos que entre sus ingredientes contienen  aceites vegetales parcialmente hidrogenados (Bollería industrial; Comida rápida; Palomitas industriales; Algunas margarinas…).

Pero además de las grasas, es importante también el control de la cantidad de sal de la dieta, puesto que puede producir un aumento de la tensión arterial que también acaba derivando en una posible patología cardíaca. Los mayores contenidos en sal alimentarios se encuentran principalmente en alimentos procesados, sobre todo  aquellos en cuya composición aparezca un ingrediente con la palabra –sódico. Pero también aparecen en los de origen natural como son los alimentos  marinos, las olivas, las anchoas y otros.

Por último, recordar que un exceso de azúcares sencillos en la dieta (Azúcar común; glucosa; miel…) puede conllevar un aumento de peso y de triglicéridos que también supondría el mismo efecto negativo sobre la obesidad y riesgo cardíaco.

¿Cómo combatir la obesidad y el riesgo cardíaco?

Por todos estos motivos, debemos considerar la importancia de mantener una alimentación variada y equilibrada, libre de componentes nocivos para nuestro corazón y nuestras arterias. Esto se puede lograr llevando a cabo una correcta alimentación, basada en cereales enteros (integrales), lácteos desnatados, frutas y verduras, priorizar el consumo de carnes blancas, evitar el uso excesivo de la sal y de productos precocinados, así como aumentar el consumo de pescados azules y frutos secos, los cuales tienen un elevado contenido en ácidos grasos omega-3 que pueden reducir los niveles plasmáticos de colesterol `malo´ (LDL) y aumentar el colesterol `bueno´ (HDL). Y recuerda que hacer ejercicio reduce obesidad y riesgo cardíaco.

Empecemos a escuchar la música de nuestro corazón, sin que nuestro estómago sea su batuta

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