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Las dietas estrictas pueden aumentar la obesidad

Yolanda Melero
Licenciada en Psicología
Psicóloga de la Obesidad

Hemos observado que en incontables ocasiones es justamente el hacer dieta uno de los principales factores que hace que una persona se le dispare el peso y entre en una espiral dónde no pueda adelgazar y mantener los cambios a largo plazo

Con el título “las dietas estrictas pueden aumentar la obesidad”, el lector puede pensar que dicho peligro radica en no realizarlas bien, en abandonarlas demasiado pronto, en no seguir los protocolos, etc. No, no nos referimos a ello, si no que hemos observado que en incontables ocasiones es justamente el hacer dieta, uno de los principales factores que hace que una persona se le dispare el peso y entre en una espiral donde no pueda adelgazar y mantener los cambios a largo plazo. En las siguientes líneas explicaremos el por qué.

dietas estrictas en obesidad

Pueden funcionar al principio, luego viene el efecto rebote

Posiblemente usted mismo ya habrá experimentado este peligro de las dietas estrictas. Generalmente al principio suelen ir bien, uno va perdiendo peso y está animado. Pero poco a poco (o de golpe), la persona se la va dejando: bien porque la pérdida es menor, porque uno se cansa, porque ocurren otros sucesos (embarazos, crisis familiares, enfermedades o lesiones, cambios…). Esto es así porque es muy difícil, por no decir imposible, estar a dieta toda la vida.

Porque estar a dieta estricta, es un estado de castigo con la comida dónde uno se obliga a sí mismo a conseguir uno objetivo complejo y estresante. Cuando la persona deja esta pesada obligación, el efecto rebote está servido: Se recupera lo perdido, incluso se gana algún kilo más, y se pierde confianza en si mismo.

Consejo: Cada fracaso dietético, es un “cartucho perdido” para futuros esfuerzos. No se precipite. No tome la decisión del cambio precipitadamente, y sea constante.

La prohibición estricta, crea obsesión y ansia por lo prohibido

Desde nuestro punto de vista, el principal peligro de las dietas estrictas es que lleva a un estado de prohibición casi continuo. El paciente “lo hace mal”, y “se siente mal”, siente que “ha fracasado”, y esto la cuerda de la ansiedad.  La decisión de prohibirse de forma estricta, no hace más que incrementar el deseo y compulsión de esa comida. Por lo tanto, a más prohibición más compulsión por los alimentos. A mayor exigencia, mayor descontrol en el caso de fracaso. Solemos repetir a nuestros pacientes que a lo que realmente tienen que tener miedo es al exceso de control, porque les llevará irremediablemente al descontrol, a la ansiedad, al deseo de comer lo prohibido, a querer portarse mal…

Consejo: No sea demasiado exigente consigo mismo, buscando resultados muy brillantes en poco tiempo. Menos esfuerzo y más prolongado en el tiempo.

Las dietas van en contra del placer por la comida

Otro peligro de las dietas estrictas es que hacen que la persona deje de disfrutar de la comida. Ya que transforman el momento de la comida en un suplicio dónde la persona tiene que comer cosas que no le apetecen, de manera monótona y programada. Generalmente suelen marcar lo que la persona tiene que comer cada día. Por lo tanto, no hay espacio para el disfrute, para que la persona como lo que le apetezca, saboree las comidas, sienta que ese espacio es agradable para ella. Esto va en contra de la naturaleza del ser humano y de cualquier animal, dónde la comida es un momento placentero, agradable. Por tanto, estamos “obligando” a una persona a ir en contra de su naturaleza, a tener que controlarse y “fastidiarse”. Y esto es muy complicado mantenerlo a lo largo del tiempo, así que cuando la persona tiene la más mínima oportunidad se va al lado opuesto, dónde como lo prohibido, lo que es muy sabroso.

Consejo: Realmente es un concepto falso. También se puede disfrutar mucho, con pequeñas cantidades.

El peligro de las dietas estrictas es que bajan el metabolismo

Muchos pacientes nos comentan que a pesar de realizar dietas muy estrictas no adelgazan todo lo esperado. Esto a veces es así porque el organismo al tener un aporte energético y de grasas tan bajo, entiende que está en un estado de carencia, de ahorro energético y para ello disminuye el metabolismo. Esto implica que la persona a pesar de estar realizando un esfuerzo tremendo apenas lo ve recompensado y puede acabar cansada y desanimada.

Consejo: La solución está en realizar dietas no tan estrictas, que no permitan un mínimo de fuerza vital y “empuje”, para poder asociar a la dieta una vida activa y un programa de ejercicio físico imprescindible.

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